Corazón robado
Por Phaest
Capitulo 1
El hombre paseaba arriba y abajo con nerviosismo, llevaba esperando ese día nueve meses.
-Tranquilo Jorg –dijo David Jost-. Todo saldrá bien.
Jorg Kaulitz miro a su mejor amigo, para él era fácil decirlo, él no sentía el remordimiento de apartar a un hijo de su madre. Ese pensamiento le llevó de nuevo a lo ocurrido un año atrás, parecía tan lejano…
Flash back
-Lo siento Jorg –el médico le miró con dolor en los ojos -. No hemos podido hacer nada.
Jorg agacho su mirada avellanada, sentía las lagrimas querer salir de sus ojos. No era justo. ¿Por qué tenía que pasarle a él? Lo único que deseaba era un hijo. ¿Tan difícil resultaba?
Dejó de pensar en él, su preciosa esposa, a la que quería más que a nada en el mundo, acaba de abortar por cuarta vez. Ella sufría más que él, por no poder darle ese hijo que tanto ansiaba. Se esforzaba por no perderlos, desde el mismo instante que se enteraba del embarazo, se acostaba en su cama y no se movía a no ser que fuera estrictamente necesario. Pero por desgracia el destino estaba en su contra.
-¿Cómo está Marie? –preguntó intentando que la voz no le fallase.
-Bien. Ella es fuerte –el médico medito bien las palabras, sabía que haría mucho daño a una persona que no lo merecía-. Jorg, se cuanto deseáis ese niño, pero no podéis seguir así. Su matriz está muy baja, por eso no puede llevar a término el embarazo. Tenéis que dejar de intentarlo. La salud de ella también está en juego.
-Gracias, doctor Haussen.
Jorg encamino sus pasos a la habitación donde descansaba su esposa. Habían deseado tanto tener un hijo, y ahora resultaba que eso estaba fuera de su alcance.
Abrió la puerta con lentitud, pensando cómo le daría a Marie la noticia. Se acercó a la cama, observándola dormir por los calmantes administrados. Se veía tan dulce, tan perfecta. Desde el día que la conoció, en una cena de empresa, supo que se casaría con ella y que le haría un hombre feliz. Durante diez años había sido así, y continuaría mientras los dos viviesen.
Jorg era el hijo del dueño del “Iris hotel“, el hotel más famoso de todo Hamburgo. Cada una de sus habitaciones tenía un color, desde el blanco más claro al negro más oscuro. Su padre, Franz Kaulitz, quería un socio, ya que, aunque las cosas le iban bien, no podía con todo. Jorg estaba en la universidad, aparte de ser muy joven para ayudar a su padre, en esa época contaba con diecinueve años. Frederick Jost resulto ser el mejor socio que Franz pudiera tener.
A la cena de presentación, Frederick llevo a su familia, su esposa Angélica y sus hijos, Marie y David, que acabo convirtiéndose en el mejor amigo de Jorg. Desde aquella noche habían pasado once años.
-¿Cómo está? –preguntó en un susurro David desde la puerta.
-Bien –contestó sin atreverse a mirarle, sentándose en el borde de la cama-. El médico me ha dicho que es peligroso para ella volver a quedarse embarazada.
-No sabes cuánto lo lamento, Jorg.
Jorg rio sin ganas, pasando sus manos por sus rubios cabellos.
-Yo también, pero ella es más importante.
-¿Habéis barajado la posibilidad de adoptar un niño? –David se sentó en la silla frente a su cuñado, su cabello castaño claro le caía sobre uno de sus ojos de miel.
-De momento no hemos pensado en nada –al fin alzó su triste mirada-. Supongo que a Marie no le importara, con tal de poder tener a un niño entre sus brazos.
-Hay otra manera –David miro fijamente a su amigo, desde que su hermana abortara a su segundo hijo, le estuvo dando vueltas-. Sé que esto será difícil para ti, pero creo que es la mejor solución –cerró los ojos intentando poner orden a su idea.
-¿Cuál?
-Dejando embarazada a otra mujer –soltó abriendo los ojos, y esperando los gritos que sabía daría su amigo.
-¿Te has vuelto loco? –gritó Jorg.
-Shhh –David miro hacía su hermana-, podrías despertar a Marie, y hacer que nos echen. Escucha Jorg –volvió a mirar a su amigo-, ya sé que es una locura, no creas que no le he dado mil vueltas, pero sigo pensando que es lo mejor. Además el niño sería legalmente tuyo. Solo hay que encontrar a una muchacha dispuesta a quedarse embarazada a cambio de dinero.
-¿Sabes lo que me estás pidiendo, David? –dijo bajando la voz-. No pienso traicionar a Marie.
-No tendrás que hacerlo. Marie estará al corriente de todo, si ella está de acuerdo lo llevaremos a cabo, sino no. A fin de cuentas, para que sea más creíble, habrá que hacer como si fuera ella la que tendrá al niño.
Jorg miro a su esposa, tan ajena a la conversación entre su esposo y hermano.
-Tendré que acostarme con ella.
-Solo será una vez, y si a la primera no sale, tendrás que volverlo a repetir al siguiente mes. Jorg no te diría todo esto si no confiara en ti, si no supiera que amas de verdad a mi hermana. Lo último que desearía sería haceros daño.
Fin flash back
Al día siguiente lo hablaron con Marie, y para sorpresa de Jorg, estuvo de acuerdo. Les costó tres meses encontrar a la candidata perfecta, David insistió en que se pareciera lo más posible a Marie.
Simone Trumper era una muchacha pobre que vivía con su padre enfermo. Trabajaba en una tienda de cajera durante el día, y por la noche cosía para una vecina, pero el sueldo no le llegaba para los gastos de la casa y los medicamentos de su padre. Acepto el trato sin pensárselo mucho, el dinero era algo que por desgracia no tenía y necesitaba, además ella podría tener más hijos.
Por suerte la muchacha quedó embarazada a la primera, lo que fue un alivio tanto para Jorg como para Marie.
Y ahora el momento había llegado. En mitad de la noche Simone hizo avisar al doctor Haussen, que había llevado todo el embarazo. Los dos se encontraban en la habitación de al lado, Jorg y David podían oír los gritos de dolor de ella.
Jorg se sentía mal por lo que iba a hacer, sabía que Simone se había encariñado con la criatura que crecía dentro de ella. Pero también era su hijo, y por nada del mundo renunciaría a él.
La puerta de la habitación se abrió, el doctor salió con una manta entre sus brazos. Se acercó a Jorg.
-Enhorabuena –le dijo extendiendo sus brazos-. Es un niño.
Jorg cogió con miedo a la criatura, observándola. Era rubio, aunque no tenía mucho pelo, mantenía los ojos cerrados.
-Es precioso –fue lo único que supo decir.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos, llevaba once años soñando con esto, con tener entre sus brazos a su hijo.
-¿Cómo está la madre? –preguntó David.
-Bien, solo un poco cansada. Es mejor que te vayas Jorg, cuanto antes llegues a casa con él mejor. No hace frío pero no le conviene estar mucho tiempo por ahí. Además Marie tendrá que darle de comer.
-Muchísimas gracias, doctor.
Jorg, David y el pequeño salieron de la casa. Jorg lo envolvió bien con la manta que le diera el médico. En su corazón no cabía más felicidad. Marie les esperaba en casa, tal y como planearon, en el momento en que Simone quedo embarazada, hicieron creer a todos que Marie esperaba otro bebe. Durante ese tiempo la mujer quedo encerrada en casa, a nadie le extraño, teniendo en cuenta sus problemas para llevar a término los embarazos.
Simone sonrió, todo había salido bien. Echaría de menos a su bebe, pero sabía que era lo mejor. Su pequeño tendría unos padres que le querrían y le darían todo lo que necesitase.
Con lo que le había dado Jorg, ella tendría para empezar una nueva vida. No sería muy diferente de la que llevaba ahora, solo algo mejor. Al menos ya no tendría que trabajar por las noches, podría descansar sin preocupaciones.
El médico entró de nuevo en la habitación, lo difícil ya había pasado. El dolor se instaló de nuevo en Simone, volvía a sentir ganas de empujar. El doctor se acercó a ella con algo de preocupación, echar la placenta no era tan doloroso. La sorpresa se la llevó cuando la muchacha dio a luz a otro niño.
-Es otro niño –comunicó asombrado.
El bebe rompió a llorar, el médico lo acercó a la madre, cosa que no hizo con el primero. Simone sentía inmensas ganas de llorar, tenía un bebe, un precioso bebe. El niño se dedicó a buscar hasta hallar el pecho de su madre, dándose un festín que hizo reír, tanto a la mujer como al médico.
-Mi pequeño Bill –susurró-, mi dulce angelito.
-Bueno –comentó el médico-, esto ha salido mejor de lo que esperaba. Jorg tiene su esperado hijo, y usted también. Sé que los últimos momentos fueron muy difíciles –se sentó al borde de la cama, mientras veía como el pequeño ser, se dormía tranquilamente entre los brazos de su madre tras quedar satisfecho-. Que tenía sus dudas respecto a darle o no su hijo a Jorg.
-Nueve meses son muchos –dijo la muchacha mirando al doctor-. Sentir como crecía, como se movía. Fue duro pensar que tendría que dejarlo ir. Pero no me arrepiento, sobre todo después de traer otro bebe al mundo.
-Yo ya he de marcharme –el médico se puso en pie-. Si necesita algo ya sabe dónde encontrarme.
-Gracias por todo. Doctor Haussen, ¿le dirá a Jorg que tiene otro hijo?
-No. No creo que sea necesario.
Dicho eso se marcho. Si, realmente todo había ido muy bien
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